sábado, 14 de enero de 2012

Tres mitos a erradicar relacionados con internet y la cultura libre

Internet elimina intermediarios

Sin duda, uno de los lugares comunes más repetidos en todo lo referente a creación e internet. La red no ha eliminado intermediarios, de hecho los ha aumentado. Mientras se coexiste con los intermediarios clásicos, ahora aparecen nuevos, de igual importancia. ¿Alguien conoce a algún ser humano que, además de saber hacer historias, canciones, fotos, pinturas o vídeos y vivir de ello... además sepa y tenga el tiempo para desarrollar sus conocimientos de HTML, CSS, programación, diseño gráfico, streaming, posicionamiento en buscadores, licencias y uso intensivo de redes sociales? Yo desde luego no conozco a nadie, y dudo que exista. Intermediarios hay y habrá, por lo que repetir la falacia de su fin como algo bueno sería el primer mito que debería desaparecer. Digamos, alto y claro, que en el nuevo escenario hay nuevos intermediarios, y con funciones muy interesantes para las/os creadores.

Ley Sinde

Por aquello de que el enemigo de mis enemigos es mi amigo, desde ámbitos relacionados con el copyleft y la cultura libre -que si se caracterizan por algo, es por el respeto escrupuloso a las condiciones de las licencias de obras propias y ajenas- se suelen hacer encendidas defensas de las webs de enlaces y/o de descargas, resultando esto algo extremadamente paradójico. No es lo mismo una web de enlaces que una de descarga directa, pero las metemos en el mismo saco porque la defensa de ambas, salvo excepciones, suele ser igual de inclusiva. En general, la industria respeta las licencias y paga a las/os creadores (siendo discutibles tanto las licencias que se usan habitualmente como la cantidad de dinero que al final llega al autor/a). En cambio, las webs de enlaces y/o de descarga directa, sin entrar en su encaje legal en el marco actual, se basan en un modelo de negocio en el que jamás llega nada a las personas que generan esos contenidos.

Habiendo un consenso más que claro en lo discutible que era la propuesta de la llamada Ley Sinde, desde ya hay que empezar a hilar más fino. Una cosa es la legalidad y legitimidad de esas webs y otra la de las/os usuarios que pueden hacer uso en internet de ellas, distinción nunca hecha en los discursos en lo que a la Ley Sinde se refiere. Y urge acabar con el mito de que las webs de enlaces y/o de descargas directas tienen que ver algo con la cultura libre. O desde otro punto de vista, tienen tanto que ver con la cultura libre como las redes mafiosas del top-manta. Es decir, nada. Si era y es erróneo el paraguas de "piratería" para mezclar top-manta, P2P, webs de enlaces y de descargas directas, lo mismo en lo que a cultura libre se refiere. Creemos que una cosa es defender el intercambio en redes P2P y otra el modelo de negocio de webs de enlace y descargas. Que todo se englobe como "piratería" (el enemigo de mi enemigo) no significa en absoluto que signifique lo mismo en lo que a cultura libre y procomún respecta. Al igual que pioneros del copyleft alertaban que usando las típicas copias piratas del Office no se fomenta el software libre, la defensa de webs de enlaces y descargas no fomenta la cultura libre, fomenta el "todo gratis", que es otra cosa.

Gestión colectiva de derechos

El funcionamiento de las entidades de gestión ha sido tan nefasto y su imagen tan mala, que la tentación de tirar al bebé con el agua sucia es prácticamente irresistible para la mayoría de las personas vinculadas al copyleft y la cultura libre. En estos ámbitos, por desgracia son habituales discursos delirantes que van desde la eliminación sin más miramientos y con carácter inmediato de la propiedad intelectual, a la inclusión de los derechos de los internautas como derechos humanos o fundamentales (si la propiedad intelectual no debería ser un derecho fundamental ¿lo debe ser el acceso a internet?). Pero afortunadamente, lo que es hegemónico en el seno de estos movimientos es el discurso e impulso real de nuevas licencias, nativas (y por tanto) idóneas para difusión de contenidos a través de internet. Pero el problema tremendo que hay, como efecto colateral y reacción a los abusos de las entidades de gestión, tanto de los sectores abolicionistas (de la propiedad intelectual) como de los posibilistas (que abogan por licencias alternativas) es la percepción de la gestión colectiva obligatoria de derechos como un problema y algo a erradicar.

Es decir, en la gran mayoría de casos se aboga por una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual donde se acabe con la potestad de que sólo entidades de gestión colectivas puedan recaudar en ámbitos como televisiones, radios, etc. Si en general las condiciones de trabajo de las y los trabajadores que negocian individualmente siempre son peores que cuando se negocian colectivamente, ¿por qué debería ser distinto en el caso de las y los autores? Vuelve a aparecer (de nuevo) el primer mito sobre lo beneficioso que sería el fin de los intermediarios: lo mejor es eliminar las entidades de gestión y que las personas que generan contenidos negocien una a una y de manera individual los usos de sus obras. ¿De verdad esto tiene algún sentido? Pues puede: si además de HTML, CSS, programación, diseño gráfico, streaming, posicionamiento en buscadores, licencias y uso intensivo de redes sociales, las/os autores son licenciados en Derecho y pueden ejercer, teniendo conocimientos de Mercantil y Propiedad Intelectual. O tarifa plana en abogados.